mercoledì 4 giugno 2014

Jugar no es solo asunto de niños


Resulta curioso pensar que las claves más importantes para el bien-estar del ser humano hacen parte del universo infantil y que el modelo de adultez que hemos aceptado legitimar, nos induzca a descartar y apartar de nuestra existencia dichas ayudas a medida que nos hacemos mayores. Y que nosotros, ahí sí como niños, obedezcamos. Resulta curioso ver que entre más se utilicen estas claves en la adolescencia y adultez, más nos consideran inmaduros, naif o idealistas y que, renunciar a ellas, sí es asunto de grandes.

¿En qué momento aceptamos que jugar era cosa solo de niños? 
Entonces esperamos cualquier excusa -estar en contacto con un hijo o sobrino- para liberar esa deliciosa pulsión que va ligada al juego para llenarnos de júbilo y volver a conectarnos con lo que somos. Porque lo somos, lo éramos y lo seguiremos siendo. Aun cuando nos esforcemos en parecer serios... Así que montamos gimnasios para darnos permiso de saltar y vamos a una discoteca para poder bailar. No se requiere un análisis profundo para darse cuenta que acá se viene a jugar, que la intención es pasarla lo mejor posible, que las reglas o las pone uno o se las ponen a uno y que la palabrería es de aire y se devuelve al aire. ¡A jugar, jugar limpio preferiblemente, caramba!

¿Quién dijo que decir lo que se pensaba era incorrecto?
A Fulanita le repitieron hasta la saciedad que tenía que ser prudente, decente y diplomática. Esto hizo que los que rodeaban a Fulanita nunca se enteraran de sus verdaderas emociones. No tenían poderes para-normales para entre-leerla. Entonces tuvieron que ir llenando de a gotas su vaso hasta lograr que ella se desbordara de ira y rencor para saber lo que le le había molestado o a que ingieriera un litro de alcohol para que se des-ahogara. En medio del camino, Fulanita enfermó varias veces. También, en medio del camino, Fulanita no lograba generar relaciones profundas y sólidas.

¿Quién dijo que pintar por el placer de hacerlo es cosa de niños?
¿Con cuántos adultos tristes, frustados e insatisfechos se cruza uno por la vida? Esos que aceptaron cualquier trabajo porque era trabajo, dotados de unas habilidades no desarrolladas cuando era buen tiempo para desarrollarlas. Y en cualquier etapa de la vida de esos adultos -generalmente crítica o insatisfecha- deciden agarrar un pincel entre sus dedos, y al moverlo, empiezan a recordar quienes eran. O vuelven a moldear barro, o aprenden a preparar sushi, o practican movimientos de Tai chi, o se interesan en la historia del Antiguo Egipto, o...
La búsqueda de nuevas formas de expresión sin lugar a dudas nos da una manito para desarrollar sanos mecanismos de comunicación de uno hacia el entorno, pero sobretodo y vital, de uno hacia uno mismo...

¿Por qué hay que pagarle a otro para que nos recoja el reguero?
Este es el síndrome del adulto cómodo. Más cómodo que un niño. El que hace desorden y después, resuelve el tema con dinero. "Que la señora del aseo me limpie, que el abogado me resuelva, que el doctor me quite, que mi amigo me cubra, que la dietista me adelgace, que la secretaria me pida la cita, que el "coach" me ordene la agenda,...""
¿Es qué de chiquito no quedó claro que uno sacaba sus juguetes, jugaba, la pasaba bueno y acto seguido procedía a abrir el baul o caja de juguetes y dejar todo en el puesto en que lo había encontrado?

Toda una brecha esquizofrénica va distanciando al mundo infantil del adulto. Un trabajo de filigrana en negación. En muchos casos, se necesita una vida entera para dar la vuelta y regresar al origen. Conectar de nuevo con ese delicioso punto de la existencia donde -o llenito de arrugas o de botox-  el "que dirán" pierde importancia, donde nos damos la licencia para decir pendejadas,  expresamos lo que pensamos sin miedo a perder un afecto y sobretodas las cosas, volvemos a ser almas puras porque por fin entendimos  que no debemos tomar nada tan en serio,...  ¡al fin y al cabo, esto es solo un juego de niños!